El sueño de este corredor no solo era realizar esa maratón, sino que se haga una cada año y que cada vez haya más jóvenes con ganas de hacer deporte.
Fomentar la cultura del deporte como alternativa y solución a la delincuencia de nuestra ciudad, así como también el objetivo de recuperar los valores de la gente. Sobre todo en los más jóvenes en quiénes depositaba su mayor esperanza.
Nos despidió un dia gris, como si chincha supiera que no debería estar radiante, como si estuviera triste anticipadamente. La noticia de su muerte conmovió a toda una ciudad. El día de la maratón que él tanto esperó se volvió el día de su última carrera. La que lo convirtió en leyenda y lo hizo inmortal en el recuerdo de cada uno de los chinchanos.
Alex Castillo no sólo era un buen deportista sino también fue un gran ser humano, un tipo caballeroso, cordial. Una persona que transmitía alegría con su presencia, con su don de gente, su expresividad para decir lo que sentía hacia sus amigos y familiares.
Un hombre ejemplar que reflejaba lo que era la chincha antigua: la de la gente decente, amable y respetuosa. La capital de la cordialidad. Una chincha que él siempre quiso y que, por el bien de nuestra comunidad, debemos de recuperar.
Un hombre ejemplar que reflejaba lo que era la chincha antigua: la de la gente decente, amable y respetuosa. La capital de la cordialidad. Una chincha que él siempre quiso y que, por el bien de nuestra comunidad, debemos de recuperar.