Cuando era niño era costumbre en mi familia mudarnos cada cierto tiempo. Así fue como viví en diferentes distritos de la capital y en provincia también.
No tenía muchas cosas así que la mudanza para mi no era problema, lo que me preocupaba era encontrar en cada nuevo barrio algún lugar tranquilo donde poder jugar fútbol y hacer nuevos amigos. No fue difícil para mi ya que juego bien y no se me hace problema congeniar con nuevas personas.
Siempre que llegábamos a un nuevo barrio yo inmediatamente salía a caminar por los alrededores buscando alguna cancha de fútbol o algunos niños jugando. Y así caminaba mucho buscando, algunas veces no encontraba la manera de regresar a mi casa ya que recién llegaba y terminaba perdiéndome por las calles del barrio nuevo.
Cuando me mudé por segunda vez llegué al mejor barrio que tuve y también el más difícil. Ni bien pisé mi nueva casa me escabullí, como era de costumbre, hacia la calle a buscar una cancha de fútbol y la encontré.
Este nuevo barrio tenia la particularidad que tenía un parque muy chévere el cual llamaban parque "picapiedra", lo llamaban así porque en diferentes postes y árboles habían figuras de "los picapiedras" pegadas desde hace mucho tiempo.
Entonces, cuando llegué a ese parque vi a unos muchachos jugando fútbol, así que me acerque, me puse a un lado y pregunté si podía jugar, a lo que me respondieron que estaban completos y no querían jugar con un desconocido. Me fui a mi casa algo decepcionado, pero regresé al día siguiente y me dijeron lo mismo.
Para el tercer día regresé con mi pelota y me puse a jugar a un lado solo, para cuando se pusieron a jugar y les faltó alguien más. Uno de ellos que recién había ido ese día me dijo que si quería jugar y jugué con ellos.
Ese muchacho fue mi primer amigo de ese barrio, era mayor que todos los de ahí y jugaba bien. Poco a poco fui ganando la confianza de los muchachos de ese barrio quienes se le hacía difícil aceptar a alguien nuevo, nunca entendí por qué. Incluso a tal punto de agredirme en algunas ocasiones para que me vaya, insultarme, ponerme apodos, no dejarme jugar.
Pero mi persistencia fue mayor y se fueron haciendo mis amigos. Luego de que fueran tan duros en su trato me incluyeron en su equipo de fútbol, el cual ganó dos copas de inter-barrios gracias a mi.
El capitán del equipo se hizo mi mejor amigo y ahora juega en el club del cual soy hincha.
Recuerdo el tiempo que pase por este barrio con alegría porque así como me fue difícil pertenecer a él, me fue más aún el mudarme de ahí y dejar a esos grandes amigos que hice y de los cuales aprendí de la peor manera lo que es lealtad, valor y reglas de la calle.
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