En 1998, exactamente a la edad de 8 años yo era un niño alegre como cualquier otro, jugaba todo el día y hacia travesuras cada cinco minutos, era el terror de mis tíos. Mis padres trabajaban lejos, por lo que este niño lindo e inquieto quedaba al cuidado en casa de una tía. En esa casa había un cuarto de huéspedes, el cual era habitado por mi tío, que a su vez era mi padrino de bautizo. Era entonces como un "padrinotío".
Mi padrinotio es una persona muy seria y reservada, es médico de profesión y aficionado a los discos de rock clásico, pero por alguna razón me daba miedo. Tal vez porque a los ocho años no esperas que un adulto te trate como a una persona mayor o quizá la mezquindad y recelo por sus cosas me hacía sentir eso. Como todo médico, trabajaba mucho y se le veía sólo los fines de semana y su habitación quedaba cerrada con llave y con una gran advertencia de NO entrar.
Cada vez que mi padrinotío llegaba de viaje se sentaba en el comedor a cenar y me contaba historias de la segunda guerra mundial, el viaje a la luna o la guerra fría. Esas historias me gustaban mucho, y siempre me quedaba con ganas de seguir escuchando la continuación. Lo curioso es que nunca recibí de niño algún regalo de su parte, aunque eso nunca me importó, como todo niño sentía que no me consideraba lo suficiente como para hacerme un obsequio.
Un día de semana yo andaba jugando fútbol en el pasadizo de la casa, que en ese entonces me parecía enorme, cuando de pronto pateé el balón muy fuerte y golpeé la puerta de la habitación de mi padrinotío, la cual se abrió, de pronto sentí un escalofrío como si hubiera abierto la caja de Pandora. En ese momento pensé en cerrarla y borrar toda evidencia de lo sucedido; sin embargo la curiosidad se apoderó de mi y entré. La habitación era algo oscura, tenia una mesa grande en la cual habían cajas, una cama con ropa sobre ella, un televisor y un equipo de sonido con una mesa en la cual habían muchos discos de rock entre los cuales habían: The beatles, The Rolling Stones, rock de los 80's y un disco de los Bee Gees, el cual admiré por primera vez, a mis ocho años de edad quedé impactado por la melodía de la canción How deep is your love, la cual no entendía en lo más mínimo ya que estaba en inglés y yo con suerte podía expresarme en mi idioma, en fin seguí escuchando los demás discos hasta que tuve que salir antes de que me vieran.
Ese fin de semana cuando mi padrinotío llegó de viaje y escuchaba sus discos, de pronto sonaba la canción de los bee gees y yo la cantaba, se sorprendió y me dijo: como te sabes la canción, a lo que le tuve que contar que entre en su cuarto cuando el no estaba, no me regañó más bien puso los otros discos y seguí escuchando a los bee gees, a los beatles y otros. A la semana siguiente y las demás, noté que el cuarto ya no estaba cerrado y habían más discos encima de la repisa.
En ese momento me sentí muy alegre, sentí que era alguien digno de su confianza, había pasado la prueba de honestidad ante la persona más honesta y leal que he conocido en mi vida y eso me hizo feliz. Y sobre todo inicio mi gusto por el rock y la música en general. Los Beatles, los Bee Gees y los Rolling Stones eran parte de mi vida en una época en que la salsa y la tecnocumbia eran lo más escuchado. Yo era diferente, yo escuchaba rock y era lo máximo.
Ahora a mis 23 años, cada vez que escucho esa canción de los Bee Gees, recuerdo con nostalgia a esa persona que tal vez no me dio un regalo material o un juguete de acción, pero lo que me ofreció fue no sólo el ejemplo de lo que era ser una persona correcta, honesta y sobre todo leal, sino que también me dejó la herencia de buen un gusto musical que hasta el día de hoy me enorgullece, y es el regalo más preciado que cualquier persona te puede dar y que no cambiaría jamás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario